Testimonios

Testimonios vocacionales

La vocación es el pensamiento o proyecto del Creador para cada una de sus criaturas. El sueño de su corazón de Padre para cada uno de sus hijos. Dios cuando ama, llama; y todo ser viviente por el mero hecho de existir es un “llamado” por Dios a ser su imagen y a expresar tal semejanza; con su modo de ser, con la elección de unos determinados valores, con sus criterios de decisión y con su estilo de vida. Sólo seremos felices si realizamos ese primigenio sueño de Dios; que una vez nos crea, nos sigue llamando e indicándonos el camino para nuestra personal realización. Nosotros creemos en ese Dios que se preocupa de nosotros, un Dios que cuando ama, llama…

“Si Dios cuando ama, llama, el hombre cuando se deja amar, responde.” Por tanto, nuestra respuesta es una aceptación libre y responsable a su invitación. Dios no nos obliga, no violenta en lo más mínimo, no deja de amarte aunque le vuelvas la espalda, te deja libre, más aún te hace libre para responderle.

Un Encuentro al Amanecer: Sor Eudosia Santos Garcia, S. de M.
Quiero compartir en este espacio la alegría de haber conocido a Jesús desde aquel momento que le encontré, me miró y supe entonces que me amaba, y me buscaba, desde entonces para mí todo cambió aquel día. Una nueva vida comencé a andar pero no sola, sino que ya era Cristo quien me conducía hacia un proyecto desconocido para mí, pero que me apasionaba.

Contaba con 16 años, cuando una mañana a las siete de la mañana tuve la dicha de pasar por el convento de las Siervas de María de Santo Domingo, entonces vivía cerca de dicho convento, aunque no lo conocía, me dirigí hacia la puerta de entrada de la capilla la cual estaba abierta, y solo al pasar pude descubrir que allí había un lugar para mí. Cuando me encontré dentro de la capilla observé a las Hermanas que participaban en la celebración de la Santa Misa, y he aquí donde Jesús claramente me dio a comprender en el interior que me invitaba a seguirle dentro de aquel grupo de Religiosas que Él había elegido para sí. La paz y la alegría que en ese momento experimenté me daba esa seguridad por lo que desde entonces le dije sí a la clara invitación de Cristo. La presencia real de Cristo en la Eucaristía como a los discípulos de Emaús, me dio a intuir la gracia de vivir ese encuentro y escuchar aquella llamada que me impactó y me cuestionó.

Aquella mañana al empezar el día mi corazón se abría a una experiencia que jamás será igual a otra, ya que en ese momento había encontrado una opción para mi vida, que no dudé en escoger. Desde entonces la ruta de mi sentido de felicidad, las motivaciones y sobre todo, los interrogantes de ¿qué voy a hacer con mi vida? ¿Qué caminos tendré que andar? ¿Quien dará felicidad a mi vida, con quien la compartiré? Todos estos interrogantes, con la llamada vocacional a una vida consagrada como Sierva de María, les encontré la respuesta en Jesucristo que desde ese dichoso momento se convirtió para mí en la razón de vivir.

El encuentro con Jesús, fue para mí haber encontrado mi tesoro, el que no quería ya perder, por eso lo guarde en mi corazón hasta que dejándolo todo opté por Él.

Lo que ocurrió aquella mañana no fue algo sin historia, era Dios que me fue atrayendo poco a poco y de distintas maneras, de modo que este momento era solo la revelación de un proyecto y elección que Dios tenia conmigo el cual ha ido tejiendo a través de los acontecimientos que día a día forman mi historia. Historia llena de su gracia y sin mérito alguno de mi parte, solo la ofrenda de mi persona, la disposición de responder y colaborar con la vocación recibida.

La presencia de la Santísima Virgen ha acompañado y cuidado siempre los pasos de mi vida. Ella ha sido la primera testigo de la semilla vocacional que se había sembrado en mí. En ella he encontrado siempre una Madre que me refiere siempre a su Hijo, por lo que he encomendado a su cuidado mi vocación, que me acompañe en el camino de seguimiento y me guarde para su Hijo Jesús. Ella es la que mejor me puede enseñar a vivir del mejor modo posible la unión e intimidad con Cristo en todos los momentos de mi vida.

Descubrir que Dios me había elegido para que estuviera con Él, convirtiéndome en su Esposa, y su discípula, para desde Él y a su lado anunciar la llegada de su reino a mis hermanos, creo y estoy convencida de que es lo mejor que ha podido pasar. Todo lo estimo pérdida comparado con esta ganancia, de vivir con Cristo compartiendo con Él toda mi vida.

Vocación, un regalo de Dios: Sor Enerolisa Santos Batista S. de M.
La vocación religiosa es un regalo que Dios da a quien quiere y cuando quiere, esto fue lo que sucedió en mi vida personal. Cuando cumplí mis 18 años me parecía tener todo lo que una joven de mi edad deseaba, una familia que ama con locura, muchos amigos debido a las diferente instituciones a la que pertenecía, entre ellos están los jóvenes de “unión juvenil”, a ellos les agradezco en gran manera mi crecimiento espiritual, ya que viví experiencias muy bonitas que me hicieron crecer como persona de fe, también están mis amigos “bomberos”, a quienes admiro por su hermosa labor desinteresada y por lo que de ellos aprendí, además recuerdo a mis compañeras de equipo de pelota con quienes aprendí lo que significaba perder o ganar. En este ambiente tan revuelto, pero a la vez sano, me encontraba, cuando Jesús tocó las puertas de mi corazón. Como toda joven pensé que este no era mi camino y que Dios no se fijaría en alguien como yo.

Todo comenzó cuando el Padre Ignacio me interpeló sobre la idea de ser religiosa a lo que respondí que yo no servía para esto; pero Dios tenía otros planes para mí. Guardé la hojita que me regaló de promoción (que por cierto era de las monjas de clausura) la leí, me gusto ver las monjas jugando, pero no pasó a más. Cuando estaba en cuarto año todos mis compañeros decidían qué iban a estudiar; fue entonces cuando Jesús nuevamente tocó e insistió, sentía dentro de mí como una angustia o tristeza -no sé si son las palabras correctas-, pero me sentía como entre la espada y la pared, por un lado tenía la ilusión de estudiar, hacerme profesional, tener una familia, etc. y por otro la voz tierna de Jesús que me invitaba a ser sólo de Él y a trabajar por su causa. A partir de aquí comencé a indagar haciéndole preguntas a las Hermanas del Perpetuo Socorro con las que estudiaba acerca de la vocación religiosa y otras inquietudes que tenía, mientras todo este torbellino pasaba en mi interior (Creo que se me hizo un poco más duro porque no me atreví a hablarlo con nadie, quizás por respetos humanos o por el que dirían). Jesús iba seduciéndome con su mirada apasionante, tan pronto comencé a enfrentar la situación la paz poco a poco fue volviendo a mi corazón.

Después de compartir algún tiempo con estas Hermanas, la providencia de Dios pudo en mi camino a las Religiosas Siervas de María y creo que jamás podré olvidar como se me fueron los ojos detrás de aquellas monjitas vestidas de blanco. Toda mi vida fue cambiando sin darme apenas cuenta, pero, faltaba el sí definitivo, hablar con mi familia etc. y aunque no les dije directamente a mis padres que quería ser religiosa, agradezco infinitamente a Sor Luz Morales S. de M. por haberme preparado el camino. Digo esto porque en una visita que realizamos a las Hermanas de La Vega en una conversación muy amena, Sor Luz le dijo a mi papá que si sentía feliz al saber que su hija quería ser religiosa. En estos momentos no recuerdo la reacción de mi querido padre, pero lo cierto es que se hizo más fácil hablar con él. La paz y alegría total vino cuando dije interiormente que Sí, que le iba a seguir hasta las últimas consecuencias, que lo dejaba todo por seguirlo, porque una vez Jesús mira a una es imposible decirle que no.

Hace ya unos cuantos años que en compañía de mis padres, una amiga y hermanita de apenas tres años llegué al Aspirantado de las Siervas de María. Ese hermoso día me subí a la barca del Maestro para remar mar adentro en mi vocación como Sierva de María. Hoy, en mi plena juventud, ya soy Religiosa de votos perpetuos. Lo que al principio parecía una loca aventura, se ha convertido en una fascinante e inefable experiencia de amor (claro en compañía de Jesús mi Amado Esposo), porque a pesar del mal tiempo que suele haber en el mar tempestuoso, no temo ningún vendaval pues Jesús, el amigo fiel, es quien va al frente de esta barca, Él es el Capitán.

He encontrado mi único tesoro: Cristo Jesús: Sor Isabel Saldívar Romero
Nací el 20 de junio de 1971, en La Vega, República Dominicana. Soy la undécima de catorce hermanos. Ingresé en el Aspirantado de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, el día 4 de septiembre de 1996, después de haber terminado el bachillerato. El 2 de diciembre del año 1998, vestí el uniforme de postulante y un año más tarde pasé al Noviciado, pasando 2 años de formación intensiva, hice mis primeros votos de castidad, pobreza y obediencia, el 15 de junio de 2001.

¿Cómo nació mi vocación? En el 1984 fue donde empecé a sentir que el Señor me necesitaba para servirle en los más necesitados. Recuerdo que en la iglesia de Sabana Rey, Hato Viejo, fue una religiosa a dar una convivencia y cuando terminó nos preguntó si alguna quería ser religiosa. Enseguida le dije a una compañera que estaba a mi lado: “Me gustaría ser religiosa, voy a pasar a dar mi nombre y dirección, para que las hermanas me visiten”. La muchacha me dijo que si me estaba volviendo loca, que son muchos los placeres que ofrece el mundo para entrar al convento. Sus palabras me detuvieron y no pasé a inscribirme. Sin embargo, me quedé con mi inquietud vocacional, hasta que por fin en el 1995 encontré lo que tanto deseaba no un sueño, sino más bien un ideal de ser una Sierva del Señor y una Sierva de María.

En ese mismo año, me encontraba interna en el hospital y allí me llamó mucho la atención ver cómo una religiosa que estaba en el hospital cuidaba su paciente con tanta delicadeza, amor y paciencia. Entonces fue donde más sentí que nuestro Señor me necesitaba para servirle en nuestros hermanos enfermos. Mas el miedo me impidió decirle a aquella Hermana de mi inquietud vocacional.

Más adelante una Sierva de María que cuidaba el hermano de una amiga mía la invitó a un retiro y ella, a su vez, me invitó a mí, por lo que asistimos juntas a la convivencia. En la Misa que se celebró en dicho retiro cantaron un himno que decía: “La decisión es tuya, son muchos los invitados y pocos los decididos” que me impactó mucho. Por fe, supe que El Señor me llamaba y me lancé a la aventura de su seguimiento. Hoy sé que vale la pena seguirlo, ya que Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y que sólo Él podía darle verdadero sentido a mi vida.

Jesús dio la vida por mí, me amó hasta el extremo y derramó su sangre en la cruz por mis pecados. Ese mismo Jesús me acepta como soy, no me rechaza, al contrario sigue llamándome en cada momento de mi vida. Es a este Jesús al que sigo. Y es en Él en donde siempre mis ojos estarán fijos.

El 15 de noviembre de 2008 profesé mis votos perpetuos como Sierva de María Ministra de los Enfermos y me siento muy feliz porque doy al Señor lo mejor de mi vida. Hoy puedo decir que he encontrado mi único tesoro: “Cristo Jesús”.

Querida joven, también Jesús puede llamarte y decirte: “Ven y sígueme”, como lo hizo conmigo. ¿Qué le respondes? La vocación es un misterio, un regalo, un don, que Dios da a quien quiere.

¿Cómo pagaré al Señor, todo el bien que me ha hecho?: Sor Milquella de los Santos Suero
Soy la tercera de seis hermanos. Nací, gracias a Dios, en un hogar cristiano, mi madre, sobre todo, se ha preocupado siempre por nuestro crecimiento espiritual.

Ella me enseñó de una manera especial el amor a los enfermos de forma tal, que sin darme cuenta ha influenciado muy fuertemente dentro de mí. Recuerdo que cuantas personas se enfermaban en la comunidad, ahí estaba mami ayudándoles física y espiritualmente. A mí me gustaba acompañarla; lo mismo con los niños, ancianos, jóvenes y enfermos mentales. Estos últimos los bañaba y les daba de comer, a mí sólo me dejaba darles comida, pues según ella, para mí, podrían ser peligrosos.

Esta llamada que Dios me había hecho fue despertando dentro de mí, y como cuando estaba en el vientre de mi madre me alimentaba de las cosas con que ella se alimentaba, así también mi espíritu y mi vocación se fueron alimentando de las cosas buenas que ella me ha enseñado; impulso para una consagración total a Dios y a la Iglesia. El Señor siempre pone algo o a alguien que nos ayude a descubrir cuál es la vocación a la que Él nos llama.

Joven si te sientes llamada, no temas decirle que Sí, Él nos acompaña y nos aseguró: “No temas, Yo estoy contigo”. Te invito a repetirle como San Pablo: “Sé de quién me he fiado.”

Responder al Amor: Sor Luz Selenia de Jesús de Jesús
La vida humana está compuesta de muchos “sí”, mas hay uno que debe prevalecer en nuestras vidas y es el responder al Amor. El ser humano desea vivir muchos años, tener comodidades, casa, trabajo; mas cuando se trata de responder a la llamada de Dios, o lo pospone o regatea. Busca la manera de salir con la suya como para ver si Dios cambia de parecer.

Así fue la vida de Sor Luz Selenia de Jesús, la séptima de nueve hermanos. Desde muy tierna edad siente la llamada de Dios de dejarlo todo y seguir al Amor, mas queriendo desenvolverse en la sociedad no aparte de su mente el deseo de formar una familia, tener su profesión y trabajar para ayudar a su madre.

Después de una larga andadura tras las huellas de Jesús en diversos movimientos parroquiales y pontificios, con la gracia, fuerza y amor que Dios derrama sobre sus elegidos quería gritar a los cuatro vientos la hermosura de Dios que desde el seno familiar venía pregustando, gracias al celo y fervor de mi madre que supo infundirme los verdaderos valores humanos y cristianos. A la par que crecía en la formación sociocultural, queriendo opacar con ésta la anterior por el sueño que deseaba alcanzar.

Una vez cumplido mi anhelo de ser una profesional trabajé un año como enfermera y sintiendo que mi vida no estaba completa, ya que algo en mí me exigía una mayor entrega a Dios y servir a los enfermos sin límites. Participé de una gira vocacional donde conocí nuestro convento de Ponce. En aquellos rostros resplandecía la alegría y al una Hermana manifestarme que su misión era el cuidado de los enfermos, mi corazón dio un vuelco, ya que precisamente era lo que Dios me venía pidiendo, mas como no conocía Religiosas que se dedicaran a esta misión, tranquilizaba mi alma pensando que no había congregación que se dedicara a los enfermos en mi país. Las palabras que el Espíritu Santo infundió en mí cuando tenía 5 años, al ver un enorme crucifijo y la gota de sangre tan real no se apartaban de mi mente: “No te preocupes, cuando sea grande te voy a curar”. No imaginé que aquellas palabras fueran el comienzo de mi llamada vocacional. Dios que se vale de lo más insignificante para mostrarnos su amor quiso que por medio de su imagen en la cruz, mi corazón jamás se apartara de Él.

Después de varias convivencias con las Siervas de María, pedí ingresar en el Instituto. Una vez culminadas las primeras etapas de formación: aspirantado, postulantado, noviciado y juniorado intensivo; fui destinada a la comunidad de San Juan, donde Dios me esperaba, no ya en un hospital como enfermera profesional, sino como enfermera Sierva de María Ministra de los Enfermos en la Casa de Salud, donde tantas veces tuve que hacer vida la consigna de la Santísima Virgen: “Haced lo que Él os diga”. Sí, cuidar con amor, esmero y dedicación aquellas almas para llevarlas a Jesús.

Transcurridas todas las etapas de formación y sintiéndome preparada a esa entrega total a Dios durante toda mi vida sin regateos ni posposiciones, hice mis votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia el 8 de noviembre de 2008.

Dios que siempre respeta la libertad humana, no hizo menos en mi caso y observaba cada paso de mi vida sin dejar nunca de invitarme a darme una oportunidad de experimentar a sus elegidos: “La iniciativa parte siempre de Dios, pero la respuesta depende sólo de ti”.

Joven, si sientes esa voz interior que te invita a seguirle, no regatees, que con Dios no tienes nada que perder, al contrario, lo tendrás todo porque sólo entregándote al Amor, alcanzarás la felicidad.

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