¿Quienes Somos?

Preámbulo

Brotan los Carismas en la Iglesia como una respuesta desde el evangelio a las necesidades de los hombres en un lugar y en un tiempo concreto. En 1851 nace la Congregación de las Siervas de María Ministras de los Enfermos con la misión específica de asistir a los enfermos allí donde se les soliciten, pero preferentemente a domicilio, basándose en la consigna evangélica: “Estuve enfermo y me visitasteis”. (Mt. 25, 36). En ella se inspiró el Párroco de un barrio de Madrid, Chamberí, para cubrir la falta de asistencia que sufrían muchos enfermos y ancianos en sus domicilios al no poder contar con el apoyo de personas preparadas y dispuestas a prestar los servicios y atenciones que éstos necesitan. Piensa Don Miguel Martínez en congregar siete mujeres que cubran esta atención en sus domicilios.

Pasados los cinco primeros años, del grupo inicial, sólo la séptima de las candidatas, la más joven y la que es admitida a última hora, María Soledad Torres Acosta es capaz de superar las dificultades que toda fundación conlleva, sólo ella soporta con ánimo firme el peso de las largas vigilias junto a los enfermos. Hasta el mismo Fundador se embarca hacia Fernando Poo en una nueva empresa misionera que tiene como fin la evangelización de Guinea, África. Ante quienes pronostican el fin de esta obra en la Iglesia, Madre Soledad Torres Acosta responderá convencida y segura: “No, la Congregación no morirá, es una cosa muy grande. Vendrán tiempos mejores. Dios hará que este granito de mostaza, venga a ser un árbol frondoso”. Su esperanza no quedará defraudada. Mujer sencilla, de poca apariencia, pero con un corazón cortado a la medida del corazón de Cristo, asimila ella de tal forma la misión a la que se siente llamada, que su vivir no es sino para llevarla a la práctica y hacer que otras personas, las más posibles, se sientan atraídas por esta fuerza del espíritu que la empuja a servir a Cristo en el que sufre, hará de su vida y de la Congregación por ella fundada, cauce del paso de Jesús siempre vivo y que sigue pasando haciendo el bien y curando toda dolencia.

Carisma

Es el Carisma de las Siervas de María uno de los más hermosos que se han dado en la Iglesia. Un Carisma que tiene como características:

La asistencia gratuita: casi nunca se da esta gratuidad porque al acercarnos a cada enfermo es mucho más lo que recibimos. Los enfermos nos evangelizan, nos humanizan y nos dignifican, por que nunca es más honrado un hombre, una mujer como cuando se inclina para servir. Eso sin hacer cuenta de lo que supone el ser acogidas por las familias.

La asistencia esmerada: significa el hacerse cargo que la enfermedad afecta al hombre en todos sus niveles y que a veces lo más costoso para el enfermo no es la enfermedad o el dolor, sino asumir que se le ha cambiado toda su escala de valores … saber humanizar el dolor…

La asistencia preferentemente a domicilio: valoramos que el enfermo, como mejor asume su problema es rodeado de los suyos en el hogar donde ha desarrollado su vida y sus proyectos y aún puede conservar los pocos bienes personales que le quedan, su libertad y su individualidad. Mas la Sierva va donde el enfermo se encuentre, de ahí que la misión se extienda a hospitales, casas de salud, dispensarios, visitas domiciliarias, ambulatorios, etc.

Vida Espiritual

Para sustentar este carisma la Sierva de María vive una profunda espiritualidad cimentada ante todo en la Eucaristía, que nos ayuda a vivir intensamente la unión fraterna y a transmitir el amor de Cristo al mundo; alimentadas además de la oración personal y comunitaria.

Vida Comunitaria

Otro aspecto en nuestra vida consagrada que ayuda en la realización del carisma es la vida comunitaria, misterio de amor donde cultivamos las virtudes humanas: bondad de ánimo, trato leal, sencillez, respeto, comprensión, etc. La vida comunitaria está compuesta por diferentes actividades que complementan la acción apostólica de las Hermanas y el equilibrio sicofísico que es necesario en toda persona humana.

Las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, extienden su ejercicio de caridad por 21 naciones del mundo, en cuatro continentes, Europa, América, África y Asia.

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