Gracias Obtenidas

Mi Testimonio
El día 1° de mayo de 2007 cuando llegué a mi casa del trabajo, encontré a mi esposa con fiebre y me dijo: “Llévame al hospital que debo estar sangrando”. Yo le pregunté: “¿Cómo lo sabes?” Ella me contestó que el doctor le había dicho que cuando tenía dolor de cabeza y fiebre era señal de que había hemorragia en la cabeza. Mi esposa padece de una enfermedad congénita que puede producir estas hemorragias. Inmediatamente la llevé a emergencia, donde le hicieron una resonancia magnética y encontraron que estaba sangrando lentamente, pero había sangre en su cerebro. De ahí la enviaron al hospital regional donde la tuvieron en cuidados intensivos por dos días. Al mejorar la pasaron a una habitación regular para después enviarla a la casa.

El 5 de mayo mi hija pasó la noche con ella, y temprano en la mañana del día siguiente me llamó alarmada: “Papi ven, que mami se ha puesto muy mal”. Cuando llegué ya los médicos estaban atendiéndola, le aplicaron oxígeno y otras ayudas médicas. Inmediatamente le ordenaron una tomografía computarizada y en vistas de los resultados, la enviaron nuevamente a la unidad de cuidados intensivos. Allí la entubaron y conectaron a un respirador. A mí no me dejaron entrar, pero estuve frente al cuarto hasta que el doctor salió. Al salir me dijo estas palabras: “He hecho todo lo que pude, pero no creo que va a sobrevivir”. En ese instante sentí que se me unió el cielo con la tierra, me volví como loco, no sabía qué hacer o decir. Gracias a Dios, mis hijos estaban conmigo y me dieron un poco de consuelo.

Dos días más tarde nos fuimos a la capilla del hospital mis hijos y yo. Nos pusimos a orar y dialogamos sobre mi esposa, su gravedad y la posibilidad de desconectarla del respirador. Tomamos la dolorosa decisión de pedir la desconectaran de la máquina para que no sufriera más. Volvimos al cuarto donde se encontraba con esa decisión. Cuando nos estábamos despidiendo de ella para que se fuera tranquila y en paz, una voz me dijo que hablara con la enfermera para ver su opinión.

Le dije a mi hijo que me permitiera hablar con la enfermera. Salí del cuarto y me dirigí a la estación de las enfermeras. Le pregunté con ansiedad: “Si le quitamos la máquina, ¿puede ella respirar por sí misma?” Ella me contestó que no sabía, que podría haber un 50 porciento de probabilidad. Pero no me dijo que no, sino que podemos tratar. Buscó al terapista de respiración, quien apagó el respirador delante de mí y mis hijos. Cuando mi hijo mayor vio que el pecho le subía y le bajaba, preguntó al terapista: “¿Eso es ella o es la máquina? Él le contestó: “Es ella, la máquina está apagada”. En ese momento di gracias a Dios y salí del cuarto. Iba con la cara como iluminada y me acordé de Moisés cuando bajó de la montaña después que habló con Dios, mi rostro era otro. En el pasillo me encontré con un grupo de personas de nuestra Iglesia y cuando me vieron me preguntaron qué pasó y mi exclamación fue: “ PUEDE RESPIRAR POR SÍ MISMA”. Todos empezamos a dar gracias a Dios, nos fuimos a un salón donde esperan los familiares y las visitas e hicimos un círculo de oración.
Después la trasladaron a otro cuarto y luego a la unidad de hospicio, donde lo más que duran son 3 o 4 días. Cuando llegamos a esa unidad uno de los trabajadores sociales de ese lugar me dijo: “Hola, señor Capó, usted sabe que cuando las personas vienen aquí les queda muy poco de vida”. Le contesté, ni usted ni yo sabemos eso, sólo Dios tiene la última palabra. Yo pasaba casi todo el día con mi esposa en el hospicio y estaba pendiente de su alimentación por sonda y de sus medicamentos para evitar las convulsiones. No creo en la eutanasia y mi fe me sostenía.

Había personas orando por la salud de ella en Puerto Rico, Perú, California, New Jersey y otros lugares. Estuvo en el hospicio por 6 días y cuando vinieron que se estaba recuperando me dijeron que tenía que sacarla de ahí a un asilo de ancianos o a mi casa. Yo le dije que me la llevaba mi casa. Me dieron todo el equipo para poderla cuidar en mi casa y hasta me enviaron enfermeras por 24 horas durante una semana y otra que ayudaba en su aseo personal. Nunca perdí la fe en Dios porque yo sabía que Él estaba conmigo en todo momento. Cuando la traje de regreso a mi casa, mi hermana Carmen me envió una estampa con reliquia de la Madre Soledad Sanjurjo con estas instrucciones: “Hazle la oración que hay en la parte de atrás y después la pones sobre el pecho de ella”. Así lo hice todos los días y por su intercesión, el Señor permitió que mi esposa fuera recuperando hasta que se levantó de la cama.

Esto es un resumen de lo que mi familia pasó cuando mi esposa estuvo gravemente enferma. Mi fe nunca desvaneció y lo dejé todo en las manos del Señor, que se hiciera su voluntad y así fue, Él la dejó un tiempo más conmigo. Gracias a Él, hoy podemos juntos reír, llorar y dar gracias a ese Padre celestial que tanto nos ama.

Gracias por las oraciones de las Siervas de Maria y de otras personas que ayudaron a mi esposa a una recuperación lenta, pero con mucho éxito. Que Dios les pague a todos con muchas bendiciones, especialmente a las Siervas de María y mi gratitud a la Sierva de Dios, Madre Soledad Sanjurjo.

Sr. Capó

Gracia a una aspirante

S. M. B. venía sufriendo de un fuerte dolor de espalda a causa de un esfuerzo mal hecho, se le llevó al médico y al tomarle una placa encontró una ligera espina bífida traumatizada por el golpe sufrido. La joven de se trata es aspirante Sierva de María, cursa su tercer año de Escuela Superior y hasta el presente ha dado muestras de vocación, por lo que me preocupó la situación, ya que nuestro ministerio exige una buena salud para poder cuidar eficientemente a los enfermos.

Le comuniqué todo a nuestra Madre Provincial y me sugirió le hiciéramos la novena a Madre Soledad Sanjurjo por la salud de la aspirante. Sin demora así lo hicimos con mucho fervor con todas las aspirantes después del rezo de Completas. Agradecemos a Dios que nos manifiesta su amor por medio de nuestra Hermana, ella que tanto se preocupaba por las vocaciones, ha intervenido para que nuestra joven aspirante pueda continuar su formación en el Aspirantado de Santiago. Hoy se siente totalmente recuperada, incluso sin el uso de una faja ortopédica que el médico le sugirió debía usar, camina, trabaja, hace toda clase de deporte, que como estudiante le exigen en el Colegio, sin sentir jamás la molestia que le impedía realizar su vida normal. Todas nos alegramos y damos gracias a Dios y continuamos pidiendo para que pronto podamos ver en los altares a nuestra Madre Soledad Sanjurjo.

Testigo de esta gracia.
Sor A. R. F. S. de M.

Gracia a una madre y su bebé

Agradezco grandemente a la intercesión de la Madre Soledad Sanjurjo por el favor concedido a mi hermana.
En mayo de 2007 mi hermana estaba en el séptimo mes de embarazo y la hospitalizaron por tener la presión muy alta. Llevaba una semana hospitalizada cuando el domingo 24 de mayo a las 11:00 de la noche tenía la presión tan alta que su ginecólogo muy exaltado expresó: “Este embarazo tiene que terminar porque la madre corre peligro, ya que el embarazo le provoca la presión alta”. Decide realizarle una cesárea y nos explica a la 1:00 de la mañana del día 25 de mayo que no tiene esperanza de la bebé sobreviva, ya que es muy pequeñita, con bajo peso. En ese momento su esposo y yo comenzamos a rezar y el ginecólogo se despide a sala de partos pidiendo oración.

Pasan las horas y llega el doctor expresando que las dos están vivas, pero que la mamá se fue en paro cardiorrespiratorio y la entubaron y la bebé respira con mucha dificultad. Vimos la bebé con 3 libras de peso, respirando y luchando por su vida. Mi hermana la pasaron a cuidados intensivos, aunque ya no estaba entubada.

Pasaron horas de mucha angustia, pero nunca perdimos la esperanza de vida para las dos. Llamé a M. P., tía de mi esposo, con mucha esperanza en sus oraciones y le pedí que pidieran a Madre Soledad Sanjurjo por la vida de mi hermana y sobrina. Fue un alivio enorme hablar con ella porque me dio mucho consuelo y esperanza y yo sabía que sus oraciones iban a ser escuchadas.

Y el gran milagro se nos dio: Mi hermana, que en intensivo estuvo desorientada, agresiva, deprimida (no le dejaban ver la bebé) empezó a recuperar rápidamente. La chiquitina fue una gran guerrera, tenía todos los ángeles sirviéndole, ganó peso en 21 días llegando a 4 ½ libras y comenzó a chupar, lo que le dio mucho trabajo; y le dieron de alta. Los médicos y el ginecólogo estaban admirados de la pronta recuperación.
Una vez en casa siguieron recuperando. La bebé siguió creciendo saludable. No se le afectó la visión, no tuvo atrasos mayores en su desarrollo motor grueso y fino, tiene 1 año y 6 meses y ya dice palabras; es hermosa, saludable, cariñosa y al verla sólo da paz, alegría y el recuerdo de lo maravilloso y grande que es el Señor.
Ahora tengo más fe en las grandezas de mi Dios y sé que mi hermana no tendrá problema con su segundo embarazo. Debo aclarar que mi hermana tardó 11 años para poder quedar embarazada.

Con todo mi amor,
Teresita

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