Crónicas

Misión y Apostolado

El celo apostólico que anima nuestra vida consagrada, nos impulsa a dar, en un mundo tan materializado, el testimonio prioritario y supremo de amor al Señor, y el de disponibilidad, pobreza personal y desinterés material en nuestro ministerio que, junto con la caridad solícita y el sacrificio de nuestro descanso, constituyen hoy una predicación elocuente capaz de tocar el corazón de todos.

Para mejor cumplir nuestra misión en su totalidad, nos capacitamos como religiosas y como enfermeras mediante una formación espiritual, humana y profesional, convenientemente actualizada que potencie nuestros servicios. Nuestro gran anhelo es ser instrumentos dóciles de la gracia y caridad de Dios hacia los que sufren.

Nuestra caridad asistencial se extiende en:

Servicio nocturno y diurno preferentemente en los domicilios

Servicio diurno en forma organizada a varios enfermos en sus domicilios

Clínicas y hospitales

Dispensarios y ambulatorios

Centros para enfermos crónicos y convalecientes.

Nuestra misión junto a los pobres enfermos, estamos llamadas a…

Ser contemplativa en la acción, de allí que nuestra vida de oración es intensa. Somos almas de oración al servicio del apostolado, de modo que nuestro apostolado encuentra su fuerza en la contemplación y ésta a su vez estimula nuestro apostolado. Sin Él, nada podemos hacer. La celebración Eucarística diaria, la vida comunitaria y la confianza y amor a María Santísima son la fortaleza de nuestra misión apostólica.

Ser almas de oración y de intensa vida interior, ancoradas firmemente en las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad; y abnegadas, prontas siempre al FIAT de la propia entrega, cuando el ejercicio de la caridad nos pide sacrificio humilde. La oración es fuerza de nuestra vocación cristiana y sobre todo religiosa, por la cual estamos más profundamente unidas al misterio de Cristo y de su Iglesia, vivimos como auténticos apóstoles, trabajando incansablemente para que nuestros hermanos se salven en Cristo.

Descubrir a Cristo en el rostro de cada enfermo. La Sierva de María no hace separación entre la vida de oración y la vida apostólica. El paso de la capilla a la habitación del enfermo no interrumpe nuestro diálogo con Cristo. Le seguimos amando donde y como Él se encuentre, atentas siempre a lo que Él nos pide. De esta manera nos es fácil asistir al enfermo, cada día con renovadas energías, respetarle, amarle y prodigarle todos los servicios necesarios.

Buscar ante todo y únicamente a Dios, a quien nos hemos entregado totalmente por la profesión religiosa, uniendo a la contemplación el amor apostólico que de la vida de unión con Cristo recibe su fuerza (PC 5). Todo nuestro esfuerzo de santificación y apostolado proviene de la íntima unión con Dios, pues sin Él nada valioso y eficaz podemos hacer y es Él el objeto supremo de nuestro proyecto evangélico de vida.

Participar en la actividad misionera de la Iglesia, nuestra Congregación responde plenamente a la propia vocación apostólica.

Las Siervas de María ante la epidemia del cólera en Haití

El 8 de agosto de 2009, nuestra familia religiosa de Siervas de María, Ministras de los Enfermos, extendió sus brazos hacia tierras haitianas, no sólo para abrazar desde lejos a estos hermanos nuestros, sino para acercarlos a su corazón al erigir una nueva comunidad en Port Margot.

Con las palabras precedentes introducimos una crónica publicada en esta página y qué lejos estaba de nuestro pensamiento que tendríamos que abrazar ciertamente de forma especial a estos hermanos nuestros que tan duramente han sido tocados en este último año, primero con el devastador terremoto y ahora con la terrible epidemia del cólera.

¿Cómo han trabajado las Hermanas en esta epidemia? El dispensario se ha tenido que convertir en un centro de acogida para estos enfermos y la atención se les brinda de día y de noche con exquisita caridad. Desde el principio comenzaron a llegar enfermos desde otros pueblos buscando ayuda, pues los hospitales estaban llenos. Las Hermanas comenzaron a recibirlos, a pesar de la pobreza de infraestructura del dispensario. La sala de hidratación que contaba con diez camillas se llenó en un solo día. Adquirieron dos camillas más, pero no daban abasto. Los enfermos y sus familiares cuando se les comunicaba que no había espacio, con llanto pedían atención, aunque tuvieran que acostarse en el piso. El sentimiento y caridad de nuestras Hermanas no podía quedar tranquilo ante esta situación, así que comenzaron a acogerlos también en la sala de espera y pasillos, improvisando duras camas al juntar dos bancos, etc.

Desde el día 29 de noviembre está colaborando con ellas el puertorriqueño, Dr. Efraín Torres, Hijo Laico de Santa María Soledad. Como verdadero misionero se ha entregado junto a las Hermanas a salvar vidas. Era muy triste para ellos tener que ver fallecer tantos pacientes, hombres jóvenes, mujeres y niños por el terrible mal que les robaba la vida en cuestión de días. Al morir los enfermos las mismas Hermanas tenían que sacar fuera los cadáveres hasta que la policía viniera a recogerlos. La situación angustiosa para todos se tornó en un campo en donde la caridad de Cristo se derrochó a manos llenas para aquella pobre gente. Al Dr. Torres se le oía cantar bajo al trasladarse de una sala a otra: “Bendigamos al Señor que nos une en caridad…”

Los enfermos cada día en aumento llegaban a nuestro dispensario con gran esperanza y gracias a Dios les acogían, aunque fuera en las dos salas y los pasillos. El Dr. Torres aplicó un tratamiento muy efectivo para levantarlos en el menor tiempo posible, de modo que al dar de alta algunos con salud, ya había fila de personas esperando el espacio.

¿Y la congregación, cómo se dejó sentir? Desde el día que comenzaron las Hermanas de Port Margot a recibir enfermos de cólera, todas las Hermanas de la congregación se han unido en la oración por nuestras misioneras. Pero la ayuda también se brindó de otra manera muy efectiva y necesaria. A finales de noviembre se reforzó la pequeña comunidad con dos Hermanas más de las comunidades de Santiago y Santo Domingo. Para el día 10 de diciembre fueron otras tres desde las casas de Gurabo, Arecibo y San Juan, Puerto Rico. También viene un refuerzo desde Madrid y México. Todas, Hermanas que con gran valor y exquisita caridad se han ofrecido para ir a atender a estos enfermos tan necesitados y pasar allí la Navidad contemplando el pesebre que nos ofrece esta situación de tan extrema pobreza.

También la congregación ha aportado económicamente, pues estos enfermos necesitan de un tratamiento específicio por varios días y el gasto es grande. Gracias a Dios, también otras personas generosas han ayudado en este sentido, de modo que los medicamentos y material gastable no les ha faltado.

He aquí algunos episodios de los innumerables que nos han referido nuestras Hermanas y que nos han hecho llorar de sentimiento, pues el dolor de nuestros hermanos es el nuestro. En ellos está Jesús personificado: “Estuve enfermo y me visitaste… Tuve sed y me diste de beber…. Tuve hambre y me diste de comer…”

Una noche les llegó un niño de catorce años montado en un burrito. Un familiar lo había llevado caminando dos horas para poder llegar a buscar auxilio. El niño llegó en tan mal estado que a los pocos minutos falleció.

Tuvieron recluidas a la vez dos niñas hermanitas y la abuela de las mismas. En una misma noche murió la abuela y una de las pequeñas, gracias a Dios la otra se pudo salvar.

Otra noche, las Hermanas que estaban de vela se vieron obligadas de llamar al doctor, quien había hecho guardia la noche anterior y trabajado el día entero. La razón, les llegó una niña, que, además de cólera tenía otras graves complicaciones, hepatitis, tétanos, etc. A las tres de la madrugada el Dr. Torres tenía una conferencia telefónica con un amigo suyo especialista en Puerto Rico en consulta médica para acertar con el diagnóstico. ¿Resultado? Decidieron el tratamiento acertado y la niña se salvó. Bendito sea Dios.

Cada domingo después de la Misa el buen Padre Michelin Pierre va con parte de la feligresía hasta el dispensario, celebra una liturgia, unge a los enfermos y el coro les canta himnos que les hacen más llevadera su tragedia y confiar plenamente en el Señor.

“Salvar vidas, salvar vidas”, es la consigna del Dr. Torres y nuestras Hermanas en Port Margot y para ello se sacrifican lo que sea necesario. “Navidad es Vida, es Amor” y en Port Margot en el Dispensario “Sainte Malachy” es NAVIDAD. Ver fotos…

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