Beata Sor María Catalina

Beatificación de Sor María Catalina Irigoyen Echegaray

La catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid –y con ella todas las Siervas de María- se vistió de gala el día 29 de Octubre de 2011 a las 12 horas, para celebrar la beatificación de nuestra Hermana María Catalina Irigoyen Echegaray, siendo así la primera celebración de estas características que acoge la diócesis de Madrid y su catedral.

La ceremonia estuvo presidida por el Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, y concelebrada por el cardenal arzobispo de Madrid, S.E.R. Monseñor Antonio María Rouco Varela, el Nuncio de Su Santidad en España, S.E.R. Monseñor Renzo Fratini, y una veintena de obispos.

En un templo abarrotado para la ocasión se pudieron vivir momentos muy emotivos. El más especial se produjo al terminar de leerse la carta apostólica en la que el Papa Benedicto XVI declaraba Beata a Sor María Catalina; un repique de campanas y el aplauso de los fieles acompañaron el descubrimiento de una imagen de la recién proclamada Beata.

«No se ha acabado el eco de la Jornada Mundial de la Juventud. Igual que todos los peregrinos que llegaron enraizados y firmes en la fe, así lo estuvo también la Beata Sor María Catalina durante su vida». Con estas palabras de afecto para las religiosas Siervas de María y con el recuerdo del viaje del Papa a Madrid, comenzó su homilía el Cardenal Amato.

Ante una nave central de la catedral ocupada por aproximadamente seiscientas Siervas de María venidas de todo el mundo, el cardenal señaló que «nuestra Beata se hizo como Jesús, buen samaritano para todos los necesitados, viendo en ellos el rostro doliente del Redentor. Renunció a su vida y decidió arrodillarse ante el dolor humano para elevarlo hacia Dios».

Por su parte el cardenal Rouco Varela pronunció unas palabras al terminar la ceremonia. «Quiero dar gracias a Dios por esta nueva Beata que pasó su vida dedicada a los enfermos en una Congregación tan querida por todos»

Entre los fieles presentes en la Beatificación se encontraba la esposa de Luis Fernando Padilla Gómez, un médico de La Paz, Bolivia al que se le diagnosticó en 2004 un hidroma cerebral. Sin esperanzas de salir adelante, su familia se encomendó a Sor María Catalina. Un mes más tarde la enfermedad desaparecía y con ella todas las secuelas; el milagro necesario para la Beatificación se había producido.

Que nuestra Hermana, al entrar en el catálogo de los beatos, como hija de la Iglesia y Sierva de María Ministra de los Enfermos, interceda por nosotras y con ella nos lleve hasta la meta de nuestras existencias: Jesús y la extensión de su reino.

Perfil Biográfico de Sor María Catalina Irigoyen Echegaray

Sor María Catalina Irigoyen Echegaray nace en Pamplona (Navarra) el 25 de noviembre de 1848. Es la sexta de los siete hijos del hogar Irigoyen Echegaray, establecidos en la Calle Mercaderes, 9 (hoy Blanca de Navarra).

Sus padres fueron Don Tiburcio Irigoyen, originario de Errazu en el Valle del Baztán y Doña Leonarda Echegaray, natural de Pamplona. Su familia está entroncada con la de San Francisco Javier.

El 26 de noviembre, Desposorios de la Virgen, es bautizada en la Iglesia catedral de Pamplona. El 26 de noviembre de 1860, unida al grupo de las alumnas de las Madres Dominicas, María Catalina recibe la primera Comunión. Es la fiesta de los Desposorios de nuestra Señora y celebra en este día sus doce años de bautizada. De familia profundamente cristiana es educada en la fe. Durante su juventud se desempeña como Presidenta de las Hijas de María, siendo manifiesta su caridad tanto en el ámbito familiar como entre los enfermos y los pobres.

Al frente del hogar

El 17 de diciembre de 1868 muere su madre y apenas tres años más tarde, el 15 de febrero de 1871 fallece el padre.

Para estas fechas, febrero de 1871, las hermanas mayores, Joaquina y Cipriana, ya habían contraído matrimonio por lo que el hogar de los Irigoyen, busca su refugio, se ampara por decirlo así, bajo la sombra protectora de María Catalina y es acertadamente dirigido por su prudencia y equilibrio.

La familia es amplia, en la casa de Mercaderes, 9 se acogen en este tiempo Juan Pedro Alejandrino, de treinta años; Norberto de veinticuatro y María Catalina que cuenta con veintidós. También conviven bajo el mismo techo, doña Mercedes Irigoyen ya de edad avanzada, hermana de don Tiburcio y un hermano de la madre, “el tío José Luis” subnormal profundo y una figura siempre querida entrañablemente en la familia. María Catalina se desvive por todos teniendo como ayuda eficaz y de plena confianza a Juana Artola, quien es su gran apoyo, compartiendo ambas trabajo, descanso y piedad.

Cuantos la tratan quedan prendados de su bondad, su carácter firme y suave al mismo tiempo, su constancia y su tenacidad. Aparece siempre como “sin penas, alegre y con ánimo fuerte, dispuesta a acoger a todos con jovialidad y a ayudarlos en cuanto esté de su mano”.

Tiene tiempo para todos. Es incansable. A pesar de lo que supone la atención a los suyos, aún saca tiempo para visitar el Hospital y con delicadeza y decisión lleva a su casa la ropa de los enfermos y allí la lava y repara en cuanto necesita. Y, lo más admirable en ella es esa sencillez con la que realiza las cosas “hacía todo con tal naturalidad que apenas te apercibías de su humildad” dice una de las testigos.

Al llegar las Siervas de María a Pamplona en 1878, solicita ser admitida a la Fundadora, Santa María Soledad Torres Acosta, en este Instituto ingresando el 31 de diciembre de 1881 en Pamplona.

Hace el Noviciado en Madrid. Toma el Hábito 12 de marzo 1882 y cambia su nombre de María Catalina por el de María de los Desposorios. Emite su Profesión Temporal el 14 de mayo de 1883 y la Profesión Perpetua el 15 de julio de 1889. Permanecerá hasta su muerte, en la capital de España.

Como Sierva de María hace derroches de caridad atendiendo incansablemente a los enfermos en las repetidas epidemias de cólera, tifus y viruela que por aquellos años asolan a España, así como en la gripe de 1890. Destacan todos su dedicación a los enfermos sin ningún miedo al contagio.

“Solo sirvo para servir” es la consigna de su vida y se entrega sin condiciones a quien la pueda necesitar, dentro y fuera del convento. Saca tiempo para todo, sostenida por un amor entrañable a Jesús Eucaristía ante el que pasa largas horas en adoración.

En 1913 se le diagnostica una tuberculosis ósea y tras prolongados sufrimientos que acepta con pleno abandono en las manos de Dios y con una difundida fama de santidad, muere en Madrid el 10 de octubre de 1918.

En 1962, durante el Pontificado de SS Juan XVIII, se inicia su Proceso de canonización. El 2 de abril de 2011 SS Benedicto XVI promulga el decreto que da paso a la Beatificación de nuestra Venerable Sor María Catalina.

Que ella, que en su vida fue toda caridad, anime los pasos de nosotros, peregrinos del siglo XXI, por los senderos de la misericordia y de la bondad entrañables que nos abren las puertas del cielo y de la Vida.

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