125 aniversario
Llegada de las Siervas de María Ministras de los Enfermos
a Puerto Rico
El 4 de febrero las Siervas de María Ministras
de los Enfermos de la Provincia de Antillas celebramos con gran gozo el 125
aniversario de la llegada de la congregación a Puerto Rico. En una solemne
Eucaristía que presidió el Excmo. Delegado Apostólico, Monseñor Józef Wesolowski,
y concelebrada por los Señores Obispos de Puerto Rico y numerosos sacerdotes,
dimos gracias a Dios que nos ha permitido por tantos años ser cauces de su amor
para los enfermos y sus familias.
La alegría de la celebración se vio colmada con la presencia de nuestra Rvdma.
Madre General Alfonsa Bellido y Madre Francisca Panchuelo, secretaria general;
además de las superioras y formadoras de los cuatro países que constituyen la
provincia: Cuba, República Dominicana, Haití y Puerto Rico. También es digno de
mencionar la presencia de Madre Judith Muñiz, puertorriquena y primera Maestra
novicias de las Siervas de María en Filipinas, miembros de la Fraternidad de
Hijos e Hijas Laicos de Santa María Soledad, autoridades civiles, religiosas de
varias congregaciones y numerosos fieles y amigos de las comunidades.
¿Cómo llegaron las Siervas de María a Puerto Rico? Es una interesante historia
que queremos compartir con todos….
Antes de resumir la crónica de la fundación de las Siervas de María en Puerto
Rico, conviene recorrer brevemente la historia de la fundación de las Siervas de
María en la Iglesia. Nos remontamos a mediados del siglo XIX. Nuestro Instituto
nació en Madrid, España, de forma muy sencilla, como son las cosas de Dios... Un
buen sacerdote, Padre Miguel Martínez y Sanz, párroco del barrio de Chamberí, en
una charla vespertina con algunos amigos se enteró de una situación penosa que
tenía otro amigo en su hogar. Su hija enferma en cama carecía de los cuidados
necesarios por no poder conseguir que las religiosas del hospital fueran a su
hogar a prestarle los servicios, pues no les permitían sus constituciones. Este
simple comentario sirvió para que el celoso sacerdote se diera cuenta que aun
existía en la Iglesia un campo de la caridad que no había sido cubierto hasta
entonces. Ciertamente que, inspirado por el Espíritu Santo, aquella idea no lo
dejó descansar y se dio a la tarea de formar un grupo de mujeres piadosas que
prestaran el servicio de cuidado a los enfermos en sus domicilios. Era esta una
novedad que resultaba extravagante en aquella época y al exponerla a su Obispo
no le dio cabida, sino que le daba largas para que desistiera. No obstante,
Padre Miguel continuó en su propósito y después de muchos intentos consiguió el
permiso tan deseado de su Señor Obispo.
Para comenzar quería siete fundadoras como fueron siete los que comenzaron la
obra de los Servitas y se llamarían de forma semejante, Siervas de María
Ministras de los Enfermos. Pronto pudo reunir a seis mujeres, la mayoría de alta
sociedad, que se ofrecieron para empresa tan digna de elogio. Le faltaba solo
una y fue aquí donde la providencia divina se le mostró a Manuela Torres Acosta,
conocida en el barrio como Manolita. Esta se encontraba esperando cabida en el
convento de las Madres Dominicas, pero al enterarse de la nueva empresa se
sintió llamada y fue a presentarse a Padre Miguel. No fue de mucho agrado para
el buen sacerdote aquella joven humilde y poca cosa, según los cálculos humanos,
pero como quería el número de siete y ya se acercaba la fecha de iniciar la
comunidad, la admitió en último lugar.
Comenzó la obra el 15 de agosto de 1851. No obstante, las cosas no fueron tan
fáciles como creía el Padre Miguel, sino que los problemas surgieron uno tras
otro, casi todas las fundadoras comenzaron a salir y para sorpresa de todos la
más débil y joven fue la piedra angular sobre la que se edificó la congregación.
El mismo Padre Miguel abandona el proyecto y es Manolita, que en religión tomó
el nombre de Soledad, la que con grandes sacrificios y apoyada por los Padre
Agustinos Recoletos, saca a flote la congregación que fue creciendo en número y
obras por toda España.
El celo de Madre Soledad y su fe grande en la Divina Providencia la lleva a
fundar casas en donde la necesidad la llamaba. Este mismo celo llegó a tierras
antillanas, siendo Cuba el primer destino de las Siervas de María en ultramar.
Conocida en Puerto Rico la obra de las Hermanas en la vecina isla de Cuba, el
Excelentísimo Señor Obispo, Monseñor Antonio Puig pide formalmente a Madre
Soledad Torres una fundación de Siervas de María en San Juan de Puerto Rico.
Esta petición data de 1884.
Es en 1886 cuando tiene noticias de la respuesta positiva a su petición por
parte de la misma Fundadora, Madre Soledad Torres Acosta. Con un grupo que iba a
aumentar las tres casas ya existentes en Cuba, se reúnen en Santander, las ocho
Hermanas destinadas a la fundación de San Juan de Puerto Rico: Madre Cruz Erades,
Sores Natalia Cosín, Corazón Yagüe, Dulce Nombre Benavides, Teodosia Ferrer,
Belén Lumbreras, Plácida Santiago y Portaceli Ilarraz. Ya en el barco nuestra
buena Madre Soledad les entrega un Niño Jesús diciéndoles: “Él será su piloto en
el viaje”. De ahí que esta imagen tan significativa comenzara a llamarse el Niño
Piloto por todas las generaciones de Hermanas que han pasado por nuestra Casa de
San Juan. Después de una despedida muy emotiva en la que Madre Soledad,
proféticamente dijo a sus Hijas que eran las últimas que embarcaba, salieron del
puerto a mediados de diciembre.
El 5 de enero de 1887 llegan a San Juan y fueron recibidas con mucho regocijo
por parte del Señor Obispo, Monseñor Puig, que les proveyó de alojamiento en el
mismo Hospital de la Purísima Concepción, del que se harían cargo en adelante.
De las ocho Hermanas, tres se ocuparían del cuidado de los enfermos y
administración del hospital que contaba con doce camas para pacientes y era
propiedad del Obispado. Las cinco restantes al cuidado de los enfermos en sus
domicilios. Madre Soledad falleció este mismo año el 11 de octubre.
Pronto la fundación se consolidó y, a pesar de las dificultades que tuvieron que
afrontar al principio, y de los sufrimientos de la guerra y el ciclón de 1899,
la comunidad siguió creciendo y se vio la necesidad de ampliar las facilidades
de la casa con la construcción de un segundo piso y más adelante un tercero. El
Hospital era solo de mujeres por la poca capacidad y con el paso del tiempo se
convirtió en Casa de Salud, donde se acogen damas que necesitan recuperar de
alguna condición física o cuidado post-operatorio. Para esta atención cuentan
con personal cualificado, Hermanas enfermeras, médicos, terapistas, farmacéutica,
limpieza, etc.
Nos preguntamos cuál fue el testimonio de entrega y servicio de las Hermanas que
vinieron a dar su vida en nuestro suelo patrio, cuando al cabo del tiempo
comenzaron las jóvenes puertorriqueñas a engrosar las filas de esta congregación
con un particular carisma del cuidado a los enfermos. En 1905 consta la primera
puertorriqueña en ingresar a la congregación. Y la segunda en pedir su admisión
fue Consuelo Sanjurjo Santos, hoy Sierva de Dios Madre Soledad Sanjurjo, cuyos
restos descansan en el coro alto de la capilla de esta casa y cuya Causa de
Canonización va avanzando en la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos
en Roma. Gracias a Dios, la confianza y celo de nuestra Santa Fundadora fue
recompensado por el cielo con el don más preciado para una congregación
religiosa que es el de la continuidad de su obra con vocaciones nativas. Hoy día
Puerto Rico es el tercer país en el mundo que más vocaciones ha dado a las
Siervas de María, somos unas 116 boricuas contando a las dos novicias que se
forman en nuestro Noviciado de Ponce junto a las demás jóvenes de Cuba,
República Dominicana y Haití. También se unen las 26 que después de una vida de
entrega fiel han pasado a la Patria celestial. La congregación cuenta con
Hermanas puertorriqueñas en varios países del mundo: Francia, Italia, Bolivia,
Perú, Ecuador, Estados Unidos, República Dominicana y también en misiones de
Cuba, Haití y Filipinas.
Al celebrar el 125 aniversario de la llegada de las Siervas de María a Puerto
Rico, a nuestra casa de San Juan, viene a nuestra memoria lo que en el documento
Vida Consagrada, nuestro Beato Juan Pablo II, nos decía a los religiosos:
“¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar,
sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que
el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas.” A ello
ciertamente queremos caminar, seguir forjando una historia que ya han marcado
nuestras antecesoras y que el Señor nos sigue llamando a continuar.
No podemos dejar de mencionar la feliz coincidencia que nuestro Santo Padre
Benedicto XVI ha decretado el Año de la fe para comenzar precisamente el 11 de
octubre de 2012, fecha en que conmemoramos el 125 aniversario de la partida al
cielo de nuestra Santa Fundadora, Madre Soledad Torres Acosta. Ella vivió de la
fe, puesta a prueba en multitud de ocasiones, y nos enseñó a vivirla desde el
amor, como bien nos dice el Santo Padre en el discurso de proclamación del Año
de la Fe. “La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe
y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque
ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en
efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación
del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos”.
A esto estamos llamadas como Siervas de María Ministras de los Enfermos y
confiamos en el Señor continuar esa historia de fe vivida en el amor, en San
Juan, en Puerto Rico, en Las Antillas, en el mundo entero. Así sea.
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