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Las Siervas de María presentes en la Jornada Mundial de La Juventud 2011Siervas de María, Ministras de los Enfermos...
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|« Pantalla anterior|domingo, 20 de mayo de 2012|Bookmark and Share

125 aniversario
Llegada de las Siervas de María Ministras de los Enfermos
a Puerto Rico

El 4 de febrero las Siervas de María Ministras de los Enfermos de la Provincia de Antillas celebramos con gran gozo el 125 aniversario de la llegada de la congregación a Puerto Rico. En una solemne Eucaristía que presidió el Excmo. Delegado Apostólico, Monseñor Józef Wesolowski, y concelebrada por los Señores Obispos de Puerto Rico y numerosos sacerdotes, dimos gracias a Dios que nos ha permitido por tantos años ser cauces de su amor para los enfermos y sus familias.

La alegría de la celebración se vio colmada con la presencia de nuestra Rvdma. Madre General Alfonsa Bellido y Madre Francisca Panchuelo, secretaria general; además de las superioras y formadoras de los cuatro países que constituyen la provincia: Cuba, República Dominicana, Haití y Puerto Rico. También es digno de mencionar la presencia de Madre Judith Muñiz, puertorriquena y primera Maestra novicias de las Siervas de María en Filipinas, miembros de la Fraternidad de Hijos e Hijas Laicos de Santa María Soledad, autoridades civiles, religiosas de varias congregaciones y numerosos fieles y amigos de las comunidades.

¿Cómo llegaron las Siervas de María a Puerto Rico? Es una interesante historia que queremos compartir con todos….

Antes de resumir la crónica de la fundación de las Siervas de María en Puerto Rico, conviene recorrer brevemente la historia de la fundación de las Siervas de María en la Iglesia. Nos remontamos a mediados del siglo XIX. Nuestro Instituto nació en Madrid, España, de forma muy sencilla, como son las cosas de Dios... Un buen sacerdote, Padre Miguel Martínez y Sanz, párroco del barrio de Chamberí, en una charla vespertina con algunos amigos se enteró de una situación penosa que tenía otro amigo en su hogar. Su hija enferma en cama carecía de los cuidados necesarios por no poder conseguir que las religiosas del hospital fueran a su hogar a prestarle los servicios, pues no les permitían sus constituciones. Este simple comentario sirvió para que el celoso sacerdote se diera cuenta que aun existía en la Iglesia un campo de la caridad que no había sido cubierto hasta entonces. Ciertamente que, inspirado por el Espíritu Santo, aquella idea no lo dejó descansar y se dio a la tarea de formar un grupo de mujeres piadosas que prestaran el servicio de cuidado a los enfermos en sus domicilios. Era esta una novedad que resultaba extravagante en aquella época y al exponerla a su Obispo no le dio cabida, sino que le daba largas para que desistiera. No obstante, Padre Miguel continuó en su propósito y después de muchos intentos consiguió el permiso tan deseado de su Señor Obispo.

Para comenzar quería siete fundadoras como fueron siete los que comenzaron la obra de los Servitas y se llamarían de forma semejante, Siervas de María Ministras de los Enfermos. Pronto pudo reunir a seis mujeres, la mayoría de alta sociedad, que se ofrecieron para empresa tan digna de elogio. Le faltaba solo una y fue aquí donde la providencia divina se le mostró a Manuela Torres Acosta, conocida en el barrio como Manolita. Esta se encontraba esperando cabida en el convento de las Madres Dominicas, pero al enterarse de la nueva empresa se sintió llamada y fue a presentarse a Padre Miguel. No fue de mucho agrado para el buen sacerdote aquella joven humilde y poca cosa, según los cálculos humanos, pero como quería el número de siete y ya se acercaba la fecha de iniciar la comunidad, la admitió en último lugar.

Comenzó la obra el 15 de agosto de 1851. No obstante, las cosas no fueron tan fáciles como creía el Padre Miguel, sino que los problemas surgieron uno tras otro, casi todas las fundadoras comenzaron a salir y para sorpresa de todos la más débil y joven fue la piedra angular sobre la que se edificó la congregación. El mismo Padre Miguel abandona el proyecto y es Manolita, que en religión tomó el nombre de Soledad, la que con grandes sacrificios y apoyada por los Padre Agustinos Recoletos, saca a flote la congregación que fue creciendo en número y obras por toda España.

El celo de Madre Soledad y su fe grande en la Divina Providencia la lleva a fundar casas en donde la necesidad la llamaba. Este mismo celo llegó a tierras antillanas, siendo Cuba el primer destino de las Siervas de María en ultramar. Conocida en Puerto Rico la obra de las Hermanas en la vecina isla de Cuba, el Excelentísimo Señor Obispo, Monseñor Antonio Puig pide formalmente a Madre Soledad Torres una fundación de Siervas de María en San Juan de Puerto Rico. Esta petición data de 1884.

Es en 1886 cuando tiene noticias de la respuesta positiva a su petición por parte de la misma Fundadora, Madre Soledad Torres Acosta. Con un grupo que iba a aumentar las tres casas ya existentes en Cuba, se reúnen en Santander, las ocho Hermanas destinadas a la fundación de San Juan de Puerto Rico: Madre Cruz Erades, Sores Natalia Cosín, Corazón Yagüe, Dulce Nombre Benavides, Teodosia Ferrer, Belén Lumbreras, Plácida Santiago y Portaceli Ilarraz. Ya en el barco nuestra buena Madre Soledad les entrega un Niño Jesús diciéndoles: “Él será su piloto en el viaje”. De ahí que esta imagen tan significativa comenzara a llamarse el Niño Piloto por todas las generaciones de Hermanas que han pasado por nuestra Casa de San Juan. Después de una despedida muy emotiva en la que Madre Soledad, proféticamente dijo a sus Hijas que eran las últimas que embarcaba, salieron del puerto a mediados de diciembre.

El 5 de enero de 1887 llegan a San Juan y fueron recibidas con mucho regocijo por parte del Señor Obispo, Monseñor Puig, que les proveyó de alojamiento en el mismo Hospital de la Purísima Concepción, del que se harían cargo en adelante. De las ocho Hermanas, tres se ocuparían del cuidado de los enfermos y administración del hospital que contaba con doce camas para pacientes y era propiedad del Obispado. Las cinco restantes al cuidado de los enfermos en sus domicilios. Madre Soledad falleció este mismo año el 11 de octubre.

Pronto la fundación se consolidó y, a pesar de las dificultades que tuvieron que afrontar al principio, y de los sufrimientos de la guerra y el ciclón de 1899, la comunidad siguió creciendo y se vio la necesidad de ampliar las facilidades de la casa con la construcción de un segundo piso y más adelante un tercero. El Hospital era solo de mujeres por la poca capacidad y con el paso del tiempo se convirtió en Casa de Salud, donde se acogen damas que necesitan recuperar de alguna condición física o cuidado post-operatorio. Para esta atención cuentan con personal cualificado, Hermanas enfermeras, médicos, terapistas, farmacéutica, limpieza, etc.

Nos preguntamos cuál fue el testimonio de entrega y servicio de las Hermanas que vinieron a dar su vida en nuestro suelo patrio, cuando al cabo del tiempo comenzaron las jóvenes puertorriqueñas a engrosar las filas de esta congregación con un particular carisma del cuidado a los enfermos. En 1905 consta la primera puertorriqueña en ingresar a la congregación. Y la segunda en pedir su admisión fue Consuelo Sanjurjo Santos, hoy Sierva de Dios Madre Soledad Sanjurjo, cuyos restos descansan en el coro alto de la capilla de esta casa y cuya Causa de Canonización va avanzando en la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos en Roma. Gracias a Dios, la confianza y celo de nuestra Santa Fundadora fue recompensado por el cielo con el don más preciado para una congregación religiosa que es el de la continuidad de su obra con vocaciones nativas. Hoy día Puerto Rico es el tercer país en el mundo que más vocaciones ha dado a las Siervas de María, somos unas 116 boricuas contando a las dos novicias que se forman en nuestro Noviciado de Ponce junto a las demás jóvenes de Cuba, República Dominicana y Haití. También se unen las 26 que después de una vida de entrega fiel han pasado a la Patria celestial. La congregación cuenta con Hermanas puertorriqueñas en varios países del mundo: Francia, Italia, Bolivia, Perú, Ecuador, Estados Unidos, República Dominicana y también en misiones de Cuba, Haití y Filipinas.

Al celebrar el 125 aniversario de la llegada de las Siervas de María a Puerto Rico, a nuestra casa de San Juan, viene a nuestra memoria lo que en el documento Vida Consagrada, nuestro Beato Juan Pablo II, nos decía a los religiosos: “¡Vosotros no solamente tenéis una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Espíritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas.” A ello ciertamente queremos caminar, seguir forjando una historia que ya han marcado nuestras antecesoras y que el Señor nos sigue llamando a continuar.

No podemos dejar de mencionar la feliz coincidencia que nuestro Santo Padre Benedicto XVI ha decretado el Año de la fe para comenzar precisamente el 11 de octubre de 2012, fecha en que conmemoramos el 125 aniversario de la partida al cielo de nuestra Santa Fundadora, Madre Soledad Torres Acosta. Ella vivió de la fe, puesta a prueba en multitud de ocasiones, y nos enseñó a vivirla desde el amor, como bien nos dice el Santo Padre en el discurso de proclamación del Año de la Fe. “La fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos”.

A esto estamos llamadas como Siervas de María Ministras de los Enfermos y confiamos en el Señor continuar esa historia de fe vivida en el amor, en San Juan, en Puerto Rico, en Las Antillas, en el mundo entero. Así sea.

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Pensamientos del Día...
Agradecemos al Sr. Ricardo Rivera, del Semanario Católico “El Visitante” de Puerto Rico, por algunas de las fotos.
Pobrecitos: nosotras somos pobres, pero la caridad es obligatoria.
Santa María Soledad Torres Acosta